HORIZONTES
A don Ángel Ávaro, que soñó en sus horizontes de Elena (Provincia de Córdoba, Argentina)
Mi mirada se pierde,
allá en la lejanía;
donde el verde confluye con el cielo.
Allá, mi sueño cumplido.
Aquí, mis esfuerzos de sol a sol;
la tierra, las herramientas
de trabajo,
lo que construí con el sudor
de mi frente.
Aquí me quedaré,
pues éste es mi hogar.
La tierra arada,
el olor de las mañanas calmas,
recogiendo tormentas en la siesta,
la lluvia ansiada,
en los surcos,
en mi tiempo…
Aquí, construyendo un castillo
de horizontes.
Son azules, violetas y celestes.
A veces se tiñen con los árboles
en un rojo intenso.
El amarillo brillante de
soles ardientes.
En las hierbas creciendo;
en las semillas que en bandada
vuelan con las golondrinas,
los gorrioncillos y las palomas.
Aquí, en la mirada
que también vuela,
veo mis niñas y mis poemas de la tarde,
en las sillas que ahora están vacías,
allí, donde un día se sentaran
mis amores.
Cuánto añoro, estos pequeños seres
que crecen en sillitas altas,
tan lejanas a mi casa.
¡Cómo hubiera ansiado, que este nido
albergara a todos!
Que sobre mis espaldas,
cargara esos niños nuevos,
que jugarían con mis cabellos blancos.
Cómo hubiera querido duplicar
mis surcos
para transformarlos en areneros
y hamacas.
Aquí, donde los años han pasado,
sin que me diera cuenta…
Mi ciclo termina, pero no
mis sueños.
Aquí les dejo mi vida,
los verdes y los azules;
llévenlos en canastas llenas y…
vuelvan siempre,
en los otoños y las primaveras,
con la alegría y los renuevos…
© Graciela María Casartelli
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