Una intención estética con la Palabra

Blog creado por Alberto Peyrano
© 2010, Buenos Aires (Argentina)


jueves, 30 de diciembre de 2010

Percy B. Shelley (Inglaterra)


NO DESPIERTES A LA SERPIENTE

No despiertes a la serpiente, no sea que
ignore cuál es el camino a seguir;
¡Deja que se deslice la que aún duerme
sumida en la honda hierba de los prados!
Ni una abeja la oirá arrastrarse
ni abrirá los ojos una mariposa
soliviantada en la cuna de su flor
ni la luz de las estrellas, mientras resbala
entre la hierba con silencioso impulso.

Percy B. Shelley (1792-1822)

Imagen: "Funeral de Shelley" (1889), por Louis Edouard Fournier (1857-1917)
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martes, 14 de diciembre de 2010

FELICES FIESTAS!

"De Caminantes y Caminos" agradece a todos los colaboradores que han dado vida a este blog y desea para ellos y los lectores Felices fiestas y un próspero y bello 2011!
Alberto Peyrano
Buenos Aires, Argentina, diciembre 2010


viernes, 19 de noviembre de 2010

Luisa Aleida Soto (Cuba)



DÉCIMAS PARA MI NIETO

QUIERO...

Quiero enseñarte canciones
reír contigo contenta,
quiero enseñarte las cuentas
y buscarte en los rincones.
Quiero comprarte bombones
tan dulces como la miel.
quisiera verte crecer
y...quieres saber la verdad?
!Me imaginé que papá
habia vuelto a nacer!


RETORNO

Yo volví a ser mamá
el día que naciste tú
regresé a la juventud
estando en la tercera edad.
Me diste la felicidad
de tenerte en mi regazo,
de ver tus primeros pasos,
tu primera sonrisita
y darte a tomar tu lechita
acurrucado en mis brazos.


CUENTA CONMIGO.

Cuenta siempre con mi amor
aunque abuelita este vieja.
hasta el día que duerma
en los brazos del Señor.
No me traigas una flor,
porque la flor se marchita,
ni tampoco lagrimitas
que al momento se evaporan,
yo quiero nietos que oran
al Señor por su abuelita.

© Luisa Aleida Soto
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Alberto Peyrano (Argentina)


TECHO SONORO


Tesitura de gotas sobre el techo sonoro
como canción de cuna que arrulla mi dormir.
Lejos, se oye el peñón del lugonesco salmo
que se descarga en rayos en la verde extensión.

El hornero no ensaya su canto como antaño…
El cielo, cuando llueve, aplaude su debut
con esta agua que canta su cortina grisácea
metiéndose en la tierra con las brisas del sud.

Y la tarde es preludio de una noche muy larga…
Una noche en que el cielo nos remite a pensar
que ha venido a la casa descargado en la lluvia,

que mañana la tierra florecerá en virtud
para dar a los hombre sus frutos y sus gracias
y seguirá la vida cantando su canción.

© Alberto Peyrano

N. del A.: Soneto publicado en la "Biblioteca del Soneto" (Letra P-Pág 16) de la Biblioteca Cervantes - Madrid, España
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miércoles, 17 de noviembre de 2010

Gerardo Segurado (Argentina)


EL SONETO

Son catorce corceles galopantes,
todos ellos muy blancos y enjaezados,
alígeros cual viento y comandados
por mancebos gallardos y arrogantes...

Cuatro de ellos van en punta equidistantes
de otros cuatro que siguen rezagados;
y a su vez éstos corren separados,
de dos grupos de tres, los tres jadeantes.

Así vanlos catorce ya dispuestos
tirando de la artística carroza,
con blanco resplandor de fina loza.

Los catorce corceles en sus puestos
llegaron al final del arduo viaje,
trayendo alguna idea por bagaje.

© Gerardo Segurado

Nota del Autor: La descripción sirve como método didáctico para recordar la métrica de este género de la poesía.

martes, 16 de noviembre de 2010

Ernesto Daniel Baldi Grienti (Argentina)


¿Soy la sombra
que observo diluirse
desgarbada al ocaso?
Es posible, quizá,
ya que la mancha opaca
que irradia mi cuerpo
ha aprendido a rehuír
las quimeras lumínicas
y escapa las noches
deambulando estrellas
mientras yo, ella, soy
quizá, el que despierte
con persianas sin sol
habiendo renacido
muriendo sueños.

© Ernesto Daniel Baldi Grienti
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viernes, 12 de noviembre de 2010

Rebeca Montañez (México)


CADA DIA

Cada dia transito
entre el sinsabor y el desencanto
que me sabes brindar, una mirada
basta, un gesto simple,
tus palabras insípidas
como un vaivén sin fe, esos olvidados,
fragmentados instantes, duele el beso
que muere cada día.

No estoy para contarlo, pero a solas
deambulo por mi cuarto
puedo nombrarte, sueño en ti, y entonces
algo de mí sin tú saberlo tocas,
y en mi caudal de penas
me oculto, en la fosa, y soy de nuevo
el anónimo ser que te desea
cuando angustiosamente intento
de mí desterrarte.

Porque soy fuerte aguanto sin doblarme
que la vida me dañe.
Porque soy fuerte puedo, he conquistado
que ni tus ojos vean
que estoy partida en dos, que me disfrazo,
que no soy yo quien sufre tus desplantes,
que mis labios se ríen por rutina
mientras estoy, en pos de ti, llorando.

Yo sé que vanamente
me desligo de ti, que sin afanes
me tienes cuando quieres, me desechas.
A tu sola llamada, estoy contigo,
no sé como podría soslayarlo.
Hasta el final estaré del lado tuyo.
Soy mas leal, amor, cuando me hieres.

© Rebeca Montañez
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Roberto Bolaño (Chile)


LOS PERROS ROMÁNTICOS

En aquel tiempo yo tenía veinte años
y estaba loco.
Había perdido un país
pero había ganado un sueño.
Y si tenía ese sueño
lo demás no importaba.
Ni trabajar ni rezar
ni estudiar en la madrugada
junto a los perros románticos.
Y el sueño vivía en el espacio de mi espíritu.
Una habitación de madera,
en penumbras,
en uno de los pulmones del trópico.
Y a veces me volvía dentro de mí
y visitaba el sueño: estatua eternizada
en pensamientos líquidos,
un gusano blanco retorciéndose
en el amor.
Un amor desbocado.
Un sueño dentro de otro sueño.
Y la pesadilla me decía: crecerás.
Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto
y olvidarás.
Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen.
Estoy aquí, dije, con los perros románticos
Y aquí me voy a quedar.

Roberto Bolaño (1953-2003)
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martes, 9 de noviembre de 2010

Eduardo Galeano (Uruguay)


FUEGOS

Cada persona brilla con luz propia
entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales.
Hay fuegos grandes y fuegos chicos
y fuegos de todos colores.
Hay gente de fuego sereno
que ni se entera del viento,
y gente de fuego loco
que llena el aire de chispas.
Algunos fuegos, fuegos bobos
no alumbran ni queman;
pero otros arden la vida con tantas ganas
que no se puede mirarlos sin parpadear,
y quien se acerca, se enciende.

© Eduardo Galeano
De "El libro de los abrazos"
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sábado, 6 de noviembre de 2010

Tudor Arghezi (Rumania)


A WALT WHITMAN

He aquí, alma mía, los versos sin rostro,
sin sonoridad y sin eco,
de polvo y arena.
Recíbelos, susúrralos.
Respetuosamente tú nos recibes de nuevo.
Teníamos miedo porque te habíamos visto
salvaje e inquieta.
Yo doy abrigo bajo mi mismo techo
a Dios y a los grandes milagros.
Entonces, ¿cómo podría no espantarme?

Yo desgarré, para que se desgraven
rosarios desunidos,
los encajes, harapos, gasas de seda y hojas.
Yo espero que volvamos a conversar de nuevo
una vez que las danzas se detengan
y la orquesta se calle.

Quiero que hablemos idiomas destrozados,
arrancar la palabra entre palabras,
y escogiendo los temas según se nos antoje.

Antes hablé en versos calzados,
cortados sobre medida y con adornos.
Cansado de que opriman mi lengua los coturnos
desde ahora andaré con pies desnudos.

Tudor Arghezi (1880-1967)

Versión en castellano: Pablo Neruda
De "44 poetas rumanos" Ed. Losada
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viernes, 5 de noviembre de 2010

Carlos Castellano Gómez (España)





LA LUNA Y EL TORO

La luna se está peinando
en los espejos del río
y un toro la está mirando
entre la jara escondido.
Cuando llega la alegre mañana
y la luna se escapa del río,
el torito se mete en el agua
embistiendo al ver que se ha ido.

La luna viene esta noche
con una bata de cola
y el toro la está esperando
entre la jara y las sombras.
En la cara del agua del río
donde duerme la luna lunera,
el torito celoso perdío
la vigila como un centinela.

Ese toro enamorado de la luna
que abandona por la noche la maná'
es pintado de amapola y aceituna
y le puso Campanero el mayoral.
Los romeros de los montes
le besan la frente,
las estrellas de los cielos
le bañan de plata,
y el torito que es bravío,
de casta valiente,
abanicos de colores
parecen sus patas.

Carlos Castellano Gómez (1904-2002)
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martes, 2 de noviembre de 2010

Lucas Bárcena (Panamá)


EL VIENTO

Tocó a mi puerta suave y sin violencia
con sus nudillos de agua. Fue al tejado
y entró por las hendijas, desbocado
y con silbidos trágicos, de urgencia,
Luego, nervioso, replegó su esencia
por todo el corredor. Desordenado,
leyó en mis libros, se acostó a mi lado
y desdobló la paz con su presencia.
Cuando salió al jardín iba sereno,
llevaba mil perfumes en su seno
y una cadencia suave y vaporosa...
Dicen que más allá rompió el encanto
de un árbol secular, sembró el espanto
e hizo llorar el caliz de una rosa.

Lucas Bárcena (1906-1992)
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jueves, 28 de octubre de 2010

Graciela Paoli (Argentina)


VIEJA CIUDAD SUMERGIDA

En que secretos zaguanes tu espalda líquida
aspira el perfume de la flor del abandono
vieja ciudad sumergida
que regresas desde el óxido y las sombras
a rescatarte íntegra
en el gluten de la memoria.

Hoy me alcanza tu brazo desmembrado,
tu cavernoso hálito azul
y ese impulso de nostalgia
espejará tu pulso antiguo,
tu boca de bostezo al amparo de la siesta,
tu silueta magra de edificios bajos,
tu juego de piedra libre entre las pocas casas
diseminadas en el follaje.

Entonces vendrá a mis oídos como antaño
el gemido de cantos rodados
triturados por ruedas de carros
en lánguidas calles despobladas
y el verso volverá a transitar libre
entre las correderas de viento
que los viejos paraisales disponían
en la hora del silencio.

Cuando tu pupila disuelva
la sencillez de las almejas
en un caldo de luna llena,
la costanera reescribirá su contorno
en el espejo del agua cristalina
y aspirará en tu aliento líquido
el aroma de las caracolas.

Luego…
en el cántaro de mi mano,
tu voz
como paloma que se posa y alza vuelo
dejará…
la metáfora del retorno
y la certeza de tu adiós,
Federación…
¡Vieja ciudad sumergida!

© Graciela Paoli
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viernes, 15 de octubre de 2010

Amado Nervo (México)

SI UNA ESPINA ME HIERE...

¡Si una espina me hiere, me aparto de la espina,
...pero no la aborrezco!
Cuando la mezquindad
envidiosa en mí clava los dardos de su inquina,
esquívase en silencio mi planta, y se encamina
hacia más puro ambiente de amor y caridad.

¿Rencores? ¡De qué sirven! ¡Qué logran los rencores!
Ni restañan heridas, ni corrigen el mal.
Mi rosal tiene apenas tiempo para dar flores,
y no prodiga savias en pinchos punzadores:

si pasa mi enemigo cerca de mi rosal,
se llevará las rosas de más sutil esencia;
y si notare en ellas algún rojo vivaz,
¡será el de aquella sangre que su malevolencia
de ayer, vertió, al herirme con encono y violencia,
y que el rosal devuelve, trocada en flor de paz!

Amado Nervo (1870-1919)
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miércoles, 13 de octubre de 2010

Ana S. de Vidal (Argentina)


EL ARTE DE VIVIR

Con ansias, fluctuando en mi planeta,
detengo mi cansancio de tanto fracasar:
se corre por mis venas la mágica roseta
que alguien me desliza, ansiando consolar.

Penetra en mis sentidos con fuerza de fragancia
y corre por mis venas de vivo palpitar,
me lleva en un suspiro a la cumbre de mis ansias
y brilla el nuevo día, dejándome rezar.

Un alto en el camino me dio la trilogía
de todo lo vivido templado y con Amor:
me siento compungida por esta artesanía,
que se meció en mi cuna y me entregó fervor.

Me siento frente al árbol que templa mi congoja;
comprendo finalmente el arte de vivir:
Señor, bendigo ansiosa mis ramas y mis hojas
muy dentro de mi alma que aprende a sonreír.

© Ana S. de Vidal

Mi agradecimiento a mi amiga del alma Marta Vidal, residente en la ciudad de Santiago del Estero, quien tuvo la amable deferencia de acercarme poemas de su señora Madre, poeta santiagueña ya fallecida, en un gesto de amor para este blog y como una contribución desinteresada al Arte de la Palabra, motivación central de "De Caminantes y Caminos" (Alberto Peyrano)
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viernes, 8 de octubre de 2010

Rosa Graciela Carretto (Argentina)


PIEL DE SOMBRA.

Hosca mirada de pantera, anciana de piel oscura
de la Recova mendiga.
Ya sin el brillo feroz en tus ojos negros
_“De cuando de verdad se peleaba por la Patria”

El corazón retumbo de tamboriles…
_Antes eran tiempos de patriotas, no ahora”_
Amarga sonaba tu queja,
limosnera en atrio de iglesia.

Ya no lucías uniforme de mujer soldado.
Tu poncho rojo, orgullo de norteñas luchas,
perdió su color y su prestancia.
Las bandas blancas se fueron ajando
por no cruzar tu abultado pecho.
Pecho con senos de mujer coraje
del Alto Perú “La Capitana”.
Senos de mujer sensible y tierna,
abnegada enfermera en la metralla.
En Tucumán súplicas y lamentos
Llamándote: “Madre de la Patria”

Pesadas las piernas, plantas llenas de llagas,
desde tu rancho de paja en el confín con la pampa,
llegabas a Plaza de las Victorias.
Por el cansancio trocada
en personaje de cuento patrio:
vendedora de empanadas.
Tu cuerpo anciano, llenito de heridas de bala;
que no dolieron tanto; como doliera tu alma,
despojada de sus amores en las más cruentas batallas.

Tu espalda marcada de azotes de nueve días
por negra y mujer: esclava.

Pero pasaron tiempos de lucha. Llegaron tiempos de calma.
La política se adueñó de los héroes de aquella hazaña
y premiados con pobreza, se diluyeron medallas.

La Historia deberá reparar insultos de Historia Patria,
enalteciendo tu nombre; lo que tu tiempo negara.

Piel de sombra y de sigilo María Remedios del Valle.
María por madre buena, Remedios del Valle de lágrimas.
Nunca llegaron a tiempo tus sueldos de Capitana…
Ni en las calles se vio erigida, ni en bronce o mármol tu estampa.
Ni la placa que diría: He aquí la MADRE DE LA PATRIA.

Que el “mea culpa argentino” cante coplas a tu alma.
Porque fuiste el estandarte de todas las ignoradas:
esas “Niñas de Ayohuma” prendidas a nuestra infancia
cuando el sentimiento patrio se acunaba en cada aula.

Hombres como Belgrano General de leyes y espada
y su secretario Anchorena reconocieron tu flama.

¡Que se escuche la voz de Viamonte!
Cuando en tu defensa clamaba,
llamándote benemérita.
María, tu nombre es Patria.

© Rosa Graciela Carretto
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Sonia Lores (Argentina)


DÓNDE ESTÁS?


Se secó mi laguna
la que, en medio del parque,
se llenaba de espuma
que traía tu mar.
Se secaron las flores
que tu néctar bebían
y que, hasta sonreían,
al oírte llegar.
Enmudeció el silencio,
se hizo largo y profundo
como si el fin del mundo
se aprestara a llegar;
y me quedé dormida
tan vacía de sueños
porque, tal vez, no quiera
volver a despertar.

Esperé tus palabras,
como versos vivientes,
y tu voz resonando,
como si, de repente,
el recuerdo trajera
alguna primavera
con aroma a caricias
de tu rima primera.
Es que acaso no escuchas
de mi voz el lamento?
es que acaso no oyes
mi sentir de dolor?
no susurra en tu oido
de mi voz, lo que siento?
no lastima tu alma
esta pena de amor?

Una lágrima de sangre
de mi corazón brotó
y se perdió en la nada
porque a tí no llegó.
Y, en silencio, tus versos
que el tiempo no olvidó,
fueron desapareciendo
como un ángel sin voz.
Más hoy, sigo esperando
que escuches mi canción
la que brota del alma
ansiosa de pasión
y me regales versos,
de esos que hablan de amor,
porque solo con ellos
vuelvo a ser quien yo soy.

© Sonia Lores
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lunes, 4 de octubre de 2010

Luis Cernuda (España)


AQUÍ EN ESTA ORILLA BLANCA...

Aquí
en esta orilla blanca
del lecho donde duermes
estoy al borde mismo
de tu sueño. Si diera
un paso más, caería
en sus ondas, rompiéndolo
como un cristal. Me sube
el calor de tu sueño
hasta el rostro. Tu hálito
te mide la andadura
del soñar: va despacio.
Un soplo alterno, leve
me entrega ese tesoro
exactamente: el ritmo
de tu vivir soñando.
Miro. Veo la estofa
de que está hecho tu sueño.
La tienes sobre el cuerpo
como coraza ingrávida.
Te cerca de respeto.
A tu virgen te vuelves
toda entera, desnuda,
cuando te vas al sueño.
En la orilla se paran
las ansias y los besos:
esperan, ya sin prisa,
a que abriendo los ojos
renuncies a tu ser
invulnerable. Busco
tu sueño. Con mi alma
doblada sobre ti
las miradas recorren,
traslúcida, tu carne
y apartan dulcemente
las señas corporales,
por ver si hallan detrás
las formas de tu sueño.
No lo encuentran. Y entonces
pienso en tu sueño. Quiero
descifrarlo. Las cifras
no sirven, no es secreto.
Es sueño y no misterio.
Y de pronto, en el alto
silencio de la noche,
un soñar mío empieza
al borde de tu cuerpo;
en él el tuyo siento.
Tú dormida, yo en vela,
hacíamos lo mismo.
No había que buscar:
tu sueño era mi sueño.

Luis Cernuda (1902-1963)
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domingo, 26 de septiembre de 2010

Rosa María Sobrón (Argentina)


REGRESO

He vuelto hacia los pájaros.
Atardece en celeste y amarillo.
La cabeza del sol, pegada sobre el río,
inmenso dios para los ritos de la naturaleza.

He vuelto hacia los pájaros
con un montón de voces en el alma
y en las manos ansiosas
el temblor de la ausencia, de la luz y el reencuentro.

He vuelto hacia los pájaros.
Cuántos seres se han ido a la tierra morosa
donde se acuesta el hombre.

El río azul me tiende
una sábana abierta para abrazarme en luz.

He vuelto hacia los pájaros.
Hay uno que resbala en mi pecho sediento
Y florece en sonrisa mi desvalido cielo.

Rosa María Sobrón ( - / 2008)

Sobre Rosa María Sobrón, entrañable amiga y enorme poeta, fallecida en 2008, escribí lo siguiente:
Rosa María Sobrón, que acaba de obtener la Faja de Honor de la SADE (Soc. Arg,. De Escritores) por su obra “La Puerta Infinita”, elabora su poesía de una forma que nos permite adentrarnos por muchos caminos hacia su mundo íntimo y nuclear, donde conviven en esencia el amor, la vida, la fe, los recuerdos y la esperanza. El canto de Sobrón es sencillo, sincero, cobra vuelo de incontables planos y nos transporta siempre, desde la verdad de su mensaje, hacia un universo donde el alma encuentra su reposo y el deambular de la búsqueda se detiene y se inclina ante lo sustancial y permanente.
© Alberto Peyrano
(de la nota "Expresiones de Latinoamérica: Rosa María Sobrón", publicada en la Revista Expresiones, julio 2004)
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viernes, 24 de septiembre de 2010

Laly Zayas (Argentina)


SENSACIONES

Has percibido alguna vez
que tu vaso medio lleno
claramente se ha vaciado
pues el agua se ha volcado
y ya no hay más para servir?

Te ha marcado alguna
vez la experiencia
de no haber vivido en armonía
durante muchos años de tu vida
y cuando encuentras la salida
no saber cómo seguir?

Te ha parecido alguna vez
tocar el cielo con las manos
ver tus sueños concretados
y de golpe despertar?
para luego darte cuenta de que
lo que has idealizado
existe en sueños realizado...
solo en sueños nada más?

Has sentido alguna vez
esa extraña sensación
que hace doler al corazón
cuando más feliz estás?
por qué rondan de repente
pensamientos en tu mente
que te lastiman y se van?

Te ha ocurrido alguna vez
sentir que has encontrado
a ese ser que has esperado
y cuando él está a tu lado
temes que algo entre los dos
pueda cambiar?
porque aunque te ame
y él sea amado
es tan inmenso el manantial
de besos y caricias
que para él has reservado
que tu alma llenas solamente
disfrutando si tú sientes
que te los regala por igual...

Te ha pasado alguna vez
que cuando esto no sucede
sientes que todo se muere
o que la magia se perdió?
pensando luego fríamente
que todos amamos diferente
y te dices :
Soñadora persistente
el príncipe azul no existe...
no existirá, nunca existió...

Te has quedado alguna vez
con palabras por decir
que se anudan en tu garganta
sintiendo que tu angustia
se agiganta y sintiéndote morir?
Y te callas
por temor a equivocarte
y a que no pueda perdonarte...
a que todo lo construido
tal vez se pueda destruir?

Te ha sucedido alguna vez
ese hecho de sentir
que te asfixias con el aire
que respiras y solo piensas en huir?
y te quedas a su lado
con tu corazón ilusionado
sintiendo que estallas de alegría
y otras sintiéndote vacía
y sin ganas de reír?

Sensaciones de esta vida
que te hacen sentir viva
por formar parte del vivir...
No se trata de un reproche
ni de palabras un derroche,
sino de un sentimiento que esta noche
de mí pugnaba por salir...

© Laly Zayas (Tormenta-Arg-)
Todos los derechos reservados - Expte Nro 267.778 - República Argentina
.

martes, 21 de septiembre de 2010

José Asunción Silva (Colombia)


VEJECES

Las cosas viejas, tristes, desteñidas,
sin voz y sin color, saben secretos
de las épocas muertas, de las vidas
que ya nadie conserva en la memoria,
y a veces a los hombres, cuando inquietos
las miran y las palpan, con extrañas
voces de agonizante dicen, paso,
casi al oído, alguna rara historia
que tiene oscuridad de telarañas,
són de laúd, y suavidad de raso.
¡Colores de anticuada miniatura,
hoy, de algún mueble en el cajón, dormida;
cincelado puñal; carta borrosa,
tabla en que se deshace la pintura
por el tiempo y el polvo ennegrecida;
histórico blasón, donde se pierde
la divisa latina, presuntuosa,
medio borrada por el liquen verde;
misales de las viejas sacristías;
de otros siglos fantásticos espejos
que en el azogue de las lunas frías
guardáis de lo pasado los reflejos;
arca, en un tiempo de ducados llena,
crucifijo que tanto moribundo,
humedeció con lágrimas de pena
y besó con amor grave y profundo;
negro sillón de Córdoba; alacena
que guardaba un tesoro peregrino
y donde anida la polilla sola;
sortija que adornaste el dedo fino
de algún hidalgo de espadín y gola;
mayúsculas del viejo pergamino;
batista tenue que a vainilla hueles;
seda que te deshaces en la trama
confusa de los ricos brocateles;
arpa olvidada que al sonar, te quejas;
barrotes que formáis un monograma
incomprensible en las antiguas rejas,
el vulgo os huye, el soñador os ama
y en vuestra muda sociedad reclama
las confidencias de las cosas viejas!
El pasado perfuma los ensueños
con esencias fantásticas y añejas
y nos lleva a lugares halagüeños
en épocas distantes y mejores,
por eso a los poetas soñadores,
les son dulces, gratísimas y caras,
las crónicas, historias y consejas,
las formas, los estilos, los colores
las sugestiones místicas y raras
y los perfumes de las cosas viejas!

© José Asunción Silva (1865-1896)
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lunes, 13 de septiembre de 2010

Juan José Arreola (México)


LA MIGALA (*)

La migala discurre libremente por la casa, pero mi capacidad de horror no disminuye.
El día en que Beatriz y yo entramos en aquella barraca inmunda de la feria callejera, me di cuenta de que la repulsiva alimaña era lo más atroz que podía depararme el destino. Peor que el desprecio y la conmiseración brillando de pronto en una clara mirada.
Unos días más tarde volví para comprar la migala, y el sorprendido saltimbanqui me dio algunos informes acerca de sus costumbres y su alimentación extraña. Entonces comprendí que tenía en las manos, de una vez por todas, la amenaza total, la máxima dosis de terror que mi espíritu podía soportar. Recuerdo mi paso tembloroso, vacilante, cuando de regreso a la casa sentía el peso leve y denso de la araña, ese peso del cual podía descontar, con seguridad, el de la caja de madera en que la llevaba, como si fueran dos pesos totalmente diferentes: el de la madera inocente y el del impuro y ponzoñoso animal que tiraba de mí como un lastre definitivo. Dentro de aquella caja iba el infierno personal que instalaría en mi casa para destruir, para anular al otro, el descomunal infierno de los hombres.
La noche memorable en que solté a la migala en mi departamento y la vi correr como un cangrejo y ocultarse bajo un mueble, ha sido el principio de una vida indescriptible. Desde entonces, cada uno de los instantes de que dispongo ha sido recorrido por los pasos de la araña, que llena la casa con su presencia invisible.
Todas las noches tiemblo en espera de la picadura mortal. Muchas veces despierto con el cuerpo helado, tenso, inmóvil, porque el sueño ha creado para mí, con precisión, el paso cosquilleante de la araña sobre mi piel, su peso indefinible, su consistencia de entraña. Sin embargo, siempre amanece. Estoy vivo y mi alma inútilmente se apresta y se perfecciona.
Hay días en que pienso que la migala ha desaparecido, que se ha extraviado o que ha muerto. Pero no hago nada para comprobarlo. Dejo siempre que el azar me vuelva a poner frente a ella, al salir del baño, o mientras me desvisto para echarme en la cama. A veces el silencio de la noche me trae el eco de sus pasos, que he aprendido a oír, aunque sé que son imperceptibles.
Muchos días encuentro intacto el alimento que he dejado la víspera. Cuando desaparece, no sé si lo ha devorado la migala o algún otro inocente huésped de la casa. He llegado a pensar también que acaso estoy siendo víctima de una superchería y que me hallo a merced de una falsa migala. Tal vez el saltimbanqui me ha engañado, haciéndome pagar un alto precio por un inofensivo y repugnante escarabajo.
Pero en realidad esto no tiene importancia, porque yo he consagrado a la migala con la certeza de mi muerte aplazada. En las horas más agudas del insomnio, cuando me pierdo en conjeturas y nada me tranquiliza, suele visitarme la migala. Se pasea embrolladamente por el cuarto y trata de subir con torpeza a las paredes. Se detiene, levanta su cabeza y mueve los palpos. Parece husmear, agitada, un invisible compañero.
Entonces, estremecido en mi soledad, acorralado por el pequeño monstruo, recuerdo que en otro tiempo yo soñaba en Beatriz y en su compañía imposible.

Juan José Arreola (1918-2001)

(*) Migala: araña del género Mygale. Son las arañas de mayor tamaño de costumbres nocturnas, y su régimen es entomófago. Se encuentran en todas las regiones tropicales y subtropicales, pero abundan principalmente en América del Sur. Los animales maléficos—como la migala—constituyen un motivo tradicional de la literatura fantástica.
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miércoles, 8 de septiembre de 2010

José Régio (Portugal)


CÁNTICO NEGRO

"Ven por aquí" - me dicen algunos con ojos dulces,
extendiéndome los brazos, y seguros
de que sería bueno si los oyese
cuando me dicen: "¡ven por aqui"!
Los miro con ojos cansados,
(hay en mis ojos ironías y cansancios).
Y cruzo los brazos,
y nunca voy por allí...

Mi gloria es ésta:
¡crear inhumanidad!
No acompañar a nadie.
-Que vivo con el mismo desgano
con que rasgué el vientre de mi Madre.

No, no voy por allí! Sólo voy por donde
me llevan mis propios pasos...

Si a lo que busco saber ninguno de vosotros responde,
por qué me repetís: "Ven por aquí"?
Prefiero resbalar en los callejones cenagosos,
remolinear en los vientos
como un guiñapo, arrastrar los pies sangrando,
a ir por allí...

¡Si vine al mundo, fue
sólo para desflorar selvas vírgenes,
y diseñar mis própios pies en la arena inexplorada!
Y lo que hago no vale nada.

¿Cómo, pues, seréis vosotros
quienes daréis impulsos, herramientas, y coraje
para que yo derrumbe mis obstáculos?...
Corre, en nuestras venas, sangre antigua y vieja,
¡y vosotros amáis lo que es fácil!
Yo amo la lejanía y el espejismo,
amo los abismos, los torrentes, los desiertos...

¡Idos! Tended caminos,
tended jardines, tended canteros,
tended patrias, tended techos,
y tended reglas, y tratados, y filósofos, y sabios.
¡Yo tengo mi locura!
La levanto como una antorcha, ardiendo en la noche oscura,
y siento espuma, y sangre, y cánticos en los labios...

Dios y el Diablo me guían, nadie más.
Todos tuvieron padre, todos tuvieron madre;
pero yo que nunca empiezo ni termino
nací del amor que existe entre Dios y el Diablo.

¡Ah, que nadie me dé piadosas intenciones!
¡Nadie me pida definiciones!
¡Nadie me diga: "ven por aquí"!
Mi vida es un vendaval que se desató,
es una ola que se levantó.
es un átomo más que se animó...
No sé por donde voy,
no sé por donde voy
-¡pero sí sé que no voy por allí!"

José Régio (1901-1969)

Versión en español: © Alberto Peyrano
.

Abelardo Vicioso (República Dominicana)


LA SOLEDAD NO ES MÍA

No soy yo, somos todos los que ardemos
con los corazones en la boca, mordiendo
sus tejidos hasta la sangre.

Somos todos los que bailamos la melancolía
y ascendemos la definitiva tristeza
con la sonrisa pintada en los labios.

No lo neguéis, hay que decirlo, no soy yo sólo.
Sería muy fácil desaparecer. Ya estaría hundido
dos metros debajo de las pisadas de los hombres.

Si todos me acompañarais cuando viajo a la luz
de difíciles días, sumido en la penumbra
de las calles desiertas, o en las alcobas tristes
donde pone la muerte su ojo cada día.

Si también me acompañarais a cantar el amor,
a lucir nuestra bandera como un traje de fiesta
a limpiar nuestras calles con la nueva llovizna
lanzada desde abajo en hermosa parábola.

No soy yo, somos todos los que vamos a morir
de espaldas, lentamente y sin lenguas,
sin ojos ya, con íntimo cansancio.

Abelardo Vicioso (1930-2004)
.

Antonio Cruz (Argentina)


¿ES POSIBLE EXPLICAR LA POESÍA?

Aristóteles, en su genial “Arte Poética”, dice que “no es oficio del poeta el contar las cosas como sucedieron, sino como debieran o pudieran haber sucedido, probable o necesariamente”. En cambio, Vicente Huidobro, en su poema que lleva el mismo título que el trabajo de Aristóteles, pide “que el verso sea como una llave que abra mil puertas” y que “el alma del oyente quede temblando”. A su vez, Horacio Quinto Flaco, en su magnífica “Epístola a los Pisones” asevera que “Sin escribir cosa alguna, enseñaré cómo se escribe; / diré la misión y las reglas del poeta, el manantial donde ha de beber, / lo que el buen gusto permite y lo que no, los atrevimientos del genio / y los escollos de la ignorancia”.
Desde que abracé el oficio de escribir, he leído innumerables opiniones, ensayos, análisis académicos y juicios críticos sobre la poesía y los poetas. Entonces surge la pregunta ¿Es posible explicar la poesía?
Personalmente me adhiero a las palabras de Vicente Zito Lema quien afirma que la poesía, es un “estremecimiento ante el mundo” y a la opinión de Horacio Armani quien en su artículo “Traduciendo a Montale” manifiesta que “hay muchas maneras de interpretar” una poesía del italiano y en otro párrafo afirma que “… el centro, la esencia de la poesía es uno solo para todos y cada poeta obra como un filtro luminoso que bifurca y disemina la luz y los rayos que de ella emanan. Y ese filtro es lo que la personalidad de cada uno transforma en voces inconfundibles que sólo viven por él y seguirán viviendo misteriosamente hasta que todo se termine”.
Desde el momento mismo que la palabra abandona el recinto donde está guardada (el pensamiento, el alma, la mente) deja de ser propiedad del poeta y pasa a ser patrimonio de todos aquellos que leen. Si nos atenemos a lo que opinan la mayoría de los lectores de poesía, las interpretaciones varían según el lector por lo que estoy absolutamente convencido de que explicar la poesía es imposible. Se puede contar a guisa de anécdota cómo surgió tal o cuál poema, cómo fue el proceso de corrección o algunas otras cosas sin verdadera importancia pero, repito, explicar el quid, el sustrato, el alma de la poesía, es imposible.
Tengo la convicción de que cada quien tiene su propio lenguaje poético y expresa su poesía de una manera que lo identifica. No es lo mismo el decir procaz de Bukowsky que la sílaba impecable de Borges, ni la exquisita metáfora de Neruda se parece a la antipoesía de Parra. No suenan de la misma manera los largos poemas épicos del medioevo que la contundente brevedad del haiku. Lo que gusta a unos puede no ser bueno para otros y, si bien es cierto la calidad de los poemas no es siempre la misma, el hecho de dedicar una parte de nuestras horas a escribir poesía ya constituye un hecho meritorio en este globalizado y deshumanizado tiempo moderno que, con sus dictados, mantiene alejado al género humano de toda manifestación espiritual.
No se admiten dudas acerca de que, entre las artes, la literatura es una de las menos reconocidas y que el mayor reconocimiento es para el cine, la música (sobre todo la popular) y en menor medida el teatro en desmedro de otras entre las que se incluyen las letras. Basta recorrer las páginas de los diarios y revistas o mover un poquito el dial de la radio para comprender que no digo nada que no se pueda comprobar. ¿Será simplemente una cuestión de cachet?
Tampoco he de generar ninguna controversia si sostengo que entre los diferentes tipos de literatura, la cenicienta es, sin duda, la poesía; tanto es así que mi amigo, el poeta Eduardo Belloccio me decía hace un tiempo que, salvo algún elegido o los herederos de algunos elegidos, nadie vive de la poesía, pero él tampoco peca de original; en una entrevista que le realizara Horacio Armani en 1970 y que fuera publicada por el diario argentino La Nación el 10 de enero de 1971, el exquisito poeta italiano (Premio Nobel de Literatura) Eugenio Montale, contestaba a una pregunta con la siguiente sentencia: “En el mundo actual el poeta no juega absolutamente ningún papel. Es un individuo como cualquier ciudadano que tiene un oficio, un oficio que no es el de poeta”, y en respuesta a la siguiente pregunta ampliaba el concepto: “… ciertamente, el poeta puede vivir con los otros…” “… debe vivir con los otros, a menos que se encierre en un convento o sea tan rico como para vivir en una autorreclusión lujosa…” y remataba sosteniendo “(el poeta) cumple oficios extraños a la poesía…”.
No creo ofender a nadie si afirmo que mientras un novelista o un ensayista o un cuentista o un periodista pueden llegar a vivir de lo que escriben, la inmensa mayoría de los poetas tiene que trabajar en otra cosa para poder subsistir. Todo esto sin tener en cuenta que, en general, para los gobiernos, a lo largo de la historia y a lo ancho del mundo, la literatura en general y la poesía en particular son cosas casi sin valor real. Pruebas al canto: Invito a quienes lean estas reflexiones a que se interioricen sobre el texto de la nueva ley de “protección al escritor” sancionada en Santiago del Estero y veremos si tengo razón o no.
Tampoco podemos analizar de manera objetiva la relación de la poesía con el mercado editorial y sus dictados. El mismo Armani asegura que “… en el mundo actual son ya escasos los editores que asumen el riesgo de solventar las ediciones de poesía” y Montale asevera que muchas casas editoras “Distinguen entre el autor que se vende y el que no se vende, y desde luego, este último no vale nada, aunque muchas veces sea mejor que el que se vende”
Asimismo debemos tomar en cuenta la imposibilidad de hacer conocer los trabajos poéticos por otros medios, ya que muchos poetas (entre los que tengo varios conocidos) sufren la discriminación de ciertos sectores del periodismo relacionado con la cultura. Creo que internet ha venido a suplir en parte esta falencia, ya que la red nos ha dado a muchos la posibilidad de ser reconocidos a pesar del “silencio de radio” que hay sobre algunos de nosotros en determinadas geografías. De cualquier manera, no se es mejor o peor poeta porque tengas inserción mediática o carezcas de ella. El reconocimiento popular excede muchas veces estas cuestiones aunque, tal como sostiene el poeta citado más arriba, “… lo que apena es que la nobilísima tarea creadora de los auténticos se vea pisoteada por el tropel de audaces que puja con brazos y piernas para poder lograr un asiento en el ómnibus de la fama, esa fama que hoy corre por los tristes caminos de la industria cultural”.
En los días que corren, se habla demasiado acerca de si el lenguaje poético debe ser de tal o cual manera y muchos afirman que determinadas formas de poesía son vetustas o pasadas de moda. En este punto es necesario admitir que la poesía es un misterio que contiene en su médula una gama muy amplia y por qué no decirlo, borrosa, de la expresión humana. La poesía puede nombrar al amor, o expresar el fervor religioso; puede acoger la tristeza o la alegría, el enojo o la protesta. Naturalmente, eso nos puede llevar a diferentes formas de lectura.
Al respecto, solamente diré que, desde mi humilde punto de vista, lo único que importa son dos cosas: Si la palabra tiene contenido y si produce placer estético en quien lee poesía.
Nadie puede dudar que decir algo con métrica libre o con forma de soneto no suena de la misma manera, pero al fin y al cabo lo único que hará perdurable un poema es lo profundo de su significado y el gozo que produzca en la mayor cantidad de personas que lo leen.
Por ello, más allá de estas reflexiones, que han surgido casi sin que me lo haya propuesto, solamente me queda expresar que lo único que pretendo es reafirmar el convencimiento de que, a pesar de que hay gente que ha decretado la muerte de los poetas y de la poesía, estos siguen vivos y coleando. Es más, si alguien cree en la agonía de la poesía, yo le recomiendo que no piense todavía en que podrá darle el tiro de gracia.
Cómo habrá de sobrevivir es harina de otro costal. Se me ocurre que la buena poesía habrá de perdurar a través de los años como hasta ahora, no importa la forma que adopte para aggiornarse con los tiempos que corran y más allá del reconocimiento que puedan, o no, brindar los medios. Supongo que el tiempo me dará la respuesta.
Mientras tanto, yo seguiré acunando la única ilusión que tenemos los poetas: Que de cuando en cuando, cada uno de los que haya leído algún poema, sienta necesidad o ganas de volver a leerlo y que, cuando lo haga, se le escape algún suspiro, alguna sonrisa o alguna lágrima… Con eso me daré por satisfecho.

© Antonio Cruz

Publicado en el Diario El Liberal de Santiago del Estero, 23/3/08


martes, 7 de septiembre de 2010

Henrik Ibsen (Noruega)

´
A MI AMIGO EL ORADOR REVOLUCIONARIO

Dices que soy conservador ahora.
Yo sigo siendo lo que fui y no cambio.
No soy de ésos que se dan por hartos
mudando los peones del tablero.
Volcad éste de golpe, y soy "el hombre".

Una revolución sólo conozco
que no haya sido obra de un farsante,
la del diluvio universal, grandiosa
entre las otras mil revoluciones.
Pero entonces no todo fue sublime.
Piensa en la dictadura de Noé.

Búscame sólo el agua que la tierra
ha de inundar. Yo, entonces, sonriendo,
colocaré una bomba bajo el arca.

Henrik Ibsen (1828-1906)

Versión es castellano: Juan Ramón Jiménez
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Luchezar Lozanov (Bulgaria)


PREGUNTA AL PEREGRINO

Yo quiero preguntarte peregrino
una palabra extraña,
un pensamiento dorado,
no tanto por saberlo,
sino por estar tranquilo,
por saber que estás aquí al lado,
como pan para vagabundo,
como icono para un cenobita,
como camino para un viajero.
Y te ruego que no olvides que
somos iguales,
no tanto como las hojas del olivo,
verdes, lisas y unidas,
sino como esa milagrosa semejanza
que engendra la comprensión de todo.
Y es que compartimos sin problemas
la lluvia, y el camino, y las estrellas,
y los deseos escondidos,
así como la semilla del cardillo
cabalga sobre un potro de respiro.
No me juzgues muy severo
si soy torpe al besarte,
si pierdo en la pelea.
Ser como la vida, bondadoso,
ser como ella, a pesar mis errores
y de ser desagradecido
ya que me ha dejado existir.

© Luchezar Lozanov
Versión en castellano: © Kalin Nikolov Koev
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domingo, 5 de septiembre de 2010

Pablo Raúl Trullenque (Argentina)


ENTRE A MI PAGO SIN GOLPEAR

Fue mucho mi penar
andando lejos del pago.
Tanto correr
pa' llegar a ningún lado.
Y estaba en donde nací
lo que buscaba por ahí.

Es oro la amistad
que no se compra ni vende.
Sólo se da
cuando en el pecho se siente,
no es algo que se ha de usar
cuando te sirva y nada más.

Así es como se dan
en la amistad mis paisanos,
sus manos son
pan cacho y mate cebado,
y la flor de la humildad
suele su rancho perfumar.

La luna es un terrón
que alumbra con luz prestada,
Sólo al cantor
que canta coplas del alma
le estalla en el corazón
el sol que trepa por su voz.

Cantor, para cantar,
si nada dicen tus versos
¡ay! para qué
vas a callar al silencio,
si es el silencio un cantor
lleno de duendes en la voz.

Mi pueblo es un cantor
que canta la chacarera,
no ha de cantar
lo que muy dentro no sienta.
Cuando lo quiera escuchar
entre a mi pago sin golpear.

La vida me han prestao
y tengo que devolverla
cuando el Creador
me llame para la entrega.
Que mis huesos, piel y sal
abonen mi suelo natal.

© Pablo Raúl Trullenque (1934-2000)
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viernes, 3 de septiembre de 2010

Francisco Luis Bernárdez (Argentina)


SILENCIO

No digas nada, no preguntes nada.
Cuando quieras hablar, quédate mudo:
que un silencio sin fin sea tu escudo
y al mismo tiempo tu perfecta espada.

No llames si la puerta está cerrada,
no llores si el dolor es más agudo,
no cantes si el camino es menos rudo,
no interrogues sino con la mirada.

Y en la calma profunda y transparente
que poco a poco y silenciosamente
inundará tu pecho de este modo,

sentirás el latido enamorado
con que tu corazón recuperado
te irá diciendo todo, todo, todo.

Francisco Luis Bernárdez (1900-1978)

Antonieta Elias Manzieri (Brasil)


RENACER DE LAS CENIZAS


Ser poeta es tener un poco
de sanidad y de loco;
al despojarse el alma sin pudor
cuando habla de amor.

Es divagar, despacio... Lentamente...
En busca de la rima para hacer sus versos.
Es revelar lo que siente en el alma latente,
cuando emergen sus sueños inmersos.

Es tener coraje de decir en dulces rimas,
muchas veces, aun en tono jocoso,
lo que los otros no siempre admitem
temiendo el ridículo,
avergonzados de sus sueños.

Ser poeta es desvelar el alma humana.
Saber leer entre líneas lo que la boca no dice.
Es llorar su dolor jugando con las rimas,
haciendo creer que su alegría bendice.

Es descubrir cada dia la magia en nueva rima.
En las cosas más simples, lo cotidiano, o en las heridas.
Y hasta cuando el dolor no está lejos,
y se le acerca,
él lo ignora, escribe un verso y todo parece un juego!

Es buscar tal vez, como única recompensa,
ver su obra respetada por quien lo lea.
Es para el poeta, creo, una gran ofensa,
la omisión de su nombre
cuando alguien su obra transcribe.

Ser poeta es mucho más, es ir más allá!
Es revelar su amor aún profano.
Es renacer de las cenizas con cada desengaño,
para alimentar la llama que en su pecho clama.

© Antonieta Elias Manzieri


versión en español: © Alberto Peyrano
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miércoles, 1 de septiembre de 2010

Elsa Caballero (Argentina)


CARICIAS

He retenido en mí, tantas caricias
que no supe liberar en su momento,
pasó mi vida como un suspiro etéreo
y olvidé manifestar, mis sentimientos.

He dejado sin caricias a algún niño,
que esperaba que mis manos se acercaran,
tocando, su rostro humedecido
por el llanto, al sentirse abandonado.

No he sabido acariciar esas arrugas
que el tiempo implacable ha dejado,
en el semblante de un anciano que suspira
por esa caricia, que inútilmente ha esperado.

No supe acariciar la frente ardiente,
de un enfermo abandonado en una cama,
que me ha mirado con ojos suplicantes
para que alivie su sufrimiento, con mis manos.

He dejado pasar sin mis caricias,
ese amor que tantas veces, me ha buscado
pero el vertiginoso ritmo de mi vida,
no ha sabido retenerlo a su lado.

No he podido brindar esas caricias
a los cuerpos, que la paz les ha llegado
y reposan entre flores y lienzos blancos,
sosteniendo un crucifijo, entre sus manos.

Por qué retengo tantas caricias sin soltarlas,
si llegará el momento, que no sabré qué hacer con ellas
debo hacerlas salir del corazón, que las encierra
para que vuelen en libertad, en esta tierra.

© Elsa Caballero
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Juan L. Ortiz (Argentina)


DIOS SE DESNUDA EN LA LLUVIA...

Dios se desnuda en la lluvia
como una caricia
innumerable.
Cantan los pájaros entre la lluvia.
Las plantas bailan de alegría mojada.

La tierra
como una hembra
se disuelve en los dedos penetrantes
con una palidez de mil ojos desmayados.

Camino bajo la lluvia, todo mojado, cantando,
hacia mirajes que huyen en un rumoroso sueño.

Lluvia, lluvia!
Desnudez del dios
primaveral,
que baja danzando, danzando,
a fecundar la amada
toda abierta de espera, quebrada ya de ardor
amarillo y largo.

Juan L. Ortiz (1896-1978)
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martes, 31 de agosto de 2010

Jesús Alejandro Godoy (Argentina)


AMANECERES

Calla mi historia cuando estoy a tu lado, porque sin ti es vana toda intención de querer contemplar mis días con la imagen borrosa de tus labios, que se disuelven en mis sueños.
Callan mis placeres cuando te percibo; más aún, cuando entiendo que contigo no existen placeres, sino tan sólo el regocijo que regala el verdadero amor que atonta a todo paladar lascivo y enceguece a toda mirada que atiende lo externo.
Lentas van mis huellas a tu búsqueda, porque de tanto en tanto padezco las esperanzas de que un día serás mía, y cuando comprendo que vivo de sueños, me detengo a borrar mis caminos hacia ti para inventarme algunas nuevas opciones.
Sueño un día en el que podré revelarme a mis huesos, y podré entregarte mi piel para que veas mi interior. Sueño una noche en que me veas a la distancia con tus ojos empañados de mí, y tus ansias esperando por mi presencia.
Hablamos con mi letargo un poco de ti y de lo que jamás tendremos de tu historia. Y sigo viviendo aunque muriendo a momentos; y mientras tanto, voy buscando un sentido a los azotes invisibles que me doblegan a lo que deseo y no puedo obtener de tu mirada.
Sufro algunos lugares que has andado, mientras mis fantasías me hablan del silencio mágico que predica la esperanza.
Me divierte encontrarme imágenes lejanas que atesoran aquellos instantes que, aún recordándolos me traicionan, pero que ocupan un tímido lugar en mis horas actuales que no me dejan que me vea tan insensato, como para querer acariciarte en el aire de lo que fue.
Dime una vez más que son los sentimientos que incautos delante de mí y aún heridos de rabia y abandono, me van llamando para que algún día decidas aceptarlos ya viejos y seniles.
Dime una vez más, si dentro de este cuerpo que ya no es mío, no verás algo de lo que tengas piedad.
Pero culpable soy de llevarte a mi cielo y dibujarte en mis estrellas como si fueras la guía de mis amaneceres.
Presiento que acaso una madrugada te detengas a pensar en mí, y desees sobornar a mi alma para que te regale algunas palabras que tal vez nunca oirás de mis labios.
Flagelo es tenerte a mi lado actuando mil historias contigo que nunca serán, mientras mi alma trata de decirte que mi corazón se entrega a tus pies, como aquel que sabe de honor y no ostenta de ser cauto aunque la muerte siga sus pasos.
Silencio es entonces lo que tengo; más, no hablaré de lo que soy en mis días de vida, sino de aquello que soy cuando tu amor no me deja morir.
Eres mi aflicción más sublime; y yo, el recuerdo viejo que a veces limpias cuando estás sola.
Y sé… que culpable soy de llevarte a mi cielo.

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Ligia Tomarchio (Brasil)


DESPEDIDA SIN ABRAZOS

Herida en las entrañas,
insignificante, me recogí.
Escondidas, la lágrimas brotaban...
aun con el fétido aroma
de las heridas expuestas.

Traicionada,
en lamentos profanos
disculpas no esperé.

De la luna,
compañera de tantos tormentos,
aliento recibí,
retrocediendo me acosté.

Magullada,
contrita permanecía
conciente de las convicciones adquiridas.
Preocupados rayos de sol
rozaron mi rostro y recé.

Me indagué
porsternada junto al mar
mi mirada imantada por el sol
irguióse en súplica...

El corazón partido no disculpa
ni atenúa la culpa
de quien, partiendo,
su abrazo ha negado.

Me entregue yo a las aguas gélidas
así como mi cuerpo está.
En mi último e indoloro suspiro
susurro tu nombre...

© Ligia Tormarchio

Versión en castellano: © Alberto Peyrano
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lunes, 30 de agosto de 2010

Cris Carbone (Argentina)



Donde van las almas cuando exhalan
en el último aliento los suspiros.
Van en busca de pasados esplendores
o deambulan taciturnas por las calles
buscando absolución a los pecados
omisiones, falsedades y mentiras,
o que aboguen a favor, otros declamando
que fue amigo, padre u hombre bien habido.

A donde van en la hora no anunciada
a ese último lugar donde se llega
sin retorno, despejados de emociones,
sin quereres ni ilusiones...
solas como al nacer.
Desnudas dejando el ego de lado
toda sensibilidad, todo espíritu.
A donde van las almas que se pierden
en el laberinto del mundo de lo oculto
sin murmullos ni falsos comentarios
aferrándose a la vida sin saber
si hay otra forma de vivir
mas allá de la carne y los sentidos.

Donde van las almas que no amaron
ni sufrieron por amor,
en esta u otra vida.
Donde irán tantas lágrimas vertidas
tanto dolor, llanto y desamparo.
Donde va el amor que uno siente...los recuerdos.
Donde va la libélula cuando libre
vuela dejando su capullo...
Y cuando exhalan y la vida se termina
se develan todas las preguntas y las dudas.

Dios las acoge entre sus brazos
y las consuela...hasta que vuelvan a despertar.

© Cris Carbone
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Norberto Calul (Argentina)


CAMINO DE LA ALAMEDA

Camino de la alameda,
vereda que lleva al río,
llena de escarcha y de frío,
donde el invierno se queda
alojado en la arboleda,
lejos de sol y de estío.

He vuelto a andar por tu espacio
reverdeciendo memoria,
y así, de a poco, a mi historia
redescubrirla despacio,
después de un breve prefacio
donde me agitó la euforia.

Camino del tiempo viejo,
rumbo a mañanas de pesca
con olor a hierba fresca
y sobre el río un espejo,
donde el recuerdo reflejo,
encendido cual la yesca.

Verde amarillo, tu suelo
deja entrever que se aloja,
sobre tu lecho, una hoja
que, en frágil y lento vuelo,
la vi caer, sin consuelo
de un árbol que se deshoja.

Camino de la alameda,
de mi sueño amanecido,
del primer beso escondido,
perdidos en la arboleda,
envuelto en flores de seda
guardas mi tiempo querido.

Cuánto me duele el presente,
cuánto me hiere el pasado,
mis ojos los he cerrado
para no lastimar mi mente,
pero, en mi pecho silente
late un dolor desbocado.

© Norberto Calul
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Carlos Costa Grajales (Uruguay)




Vuelves desde lejos, cuando menos lo esperaba,
Vuelves y no vuelves,
Porque estás de paso,
Porque no me buscas, porque no preguntas
Si aún sigo aquí, donde nos juntamos,
O en la tumba quizás, donde no has buscado.
Porque no te fijas en el cementerio?
Porque no te angustia saber si estoy muerto…?

Quiero volver a unir mis recuerdos,
Abrir de par en par el pesado telón de mi vida
Así, de un envión, con fuerza, de lado a lado,
Y aunque me desgarre saber que a ti no te importe
Yo quiero volver varios lustros atrás y olerte de nuevo.

No puedo olvidarme que, por una vez al menos,
Viví en verdad lo que el alma añora,
Hogueras y caricias, tibiezas y besos,
Y esa boca tuya que erizó la mía,
Que me arropó el alma y desnudó mi cuerpo.-

© Carlos Costa Grajales
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domingo, 29 de agosto de 2010

Serafín J. García (Uruguay)


OREJANO

Yo sé qu'en el pago me tienen idea
porque a los que mandan no les cabresteo;
porque dispreciando las güeyas ajenas
sé abrirme caminos pa dir ande quiero.

Porque no me han visto lamber la coyunda
ni andar hocicando p'hacerme de un peso,
y saben de sobra que soy duro'e boca
y no me asujeta ni un freno mulero.

Porque cuando tengo que cantar verdades,
las canto derecho nomás, a lo macho,
aunq'esas verdades amuestren bicheras
ande naide creiba que hubiera gusanos.

Porque al copetudo de riñón cubierto
-pa quien n'usa leyes ningún comisario-
lo trato lo mesmo que al que sólo tiene
chiripá de bolsa pa taparse'l rabo.

Porque no m'enyenan con cuatro mentiras
los maracanases que vienen del pueblo
a elogiar divisas ya desmerecidas
y'hacernos promesas que nunca cumplieron.

Porque cuando truje mi china pal rancho
me olvidé que hay jueces p'hacer casamientos,
y que nada vale la mujer más güena
si su hombre por eya no ha pagao derecho.

Porque a mis gurises los he criao infieles
aunqu'el cura grite qu'irán al infierno,
y digo ande cuadre que pa nada sirven
los que sólo viven pirichando el cielo.

Porque aunque no tengo ni en qué cáirme muerto
soy más rico qu'esos que agrandan sus campos
pagando en sancochos de tumba reseca
al pobre pión, qu'echa los bofes cinchando.

¡Por eso en el pago me tienen idea!
¡Porqu'entre los ceibos estorba un quebracho!
¡Porque a tuitos eyos les han puesto marca
y tienen envidia de verme orejano!

¿Y a mí qué m'importa? ¡Soy chúcaro y libre!
¡No sigo a caudiyos ni en leyes me atraco!
¡Y voy por los rumbos clariados de mi antojo
y a naides preciso pa ser mi baquiano!

Serafín J. García (1905-1985)
De "Tacuruses" (1936)

Aunque fueron de distintas generaciones, el nombre de Serafín J. García no puede dejar de estar unido al de Jorge Cafrune (1937-1978), precisamente por ser "El orejano" uno de los temas más emblemáticos del cantor trágicamente desaparecido. En la versión cantada por Cafrune no se incluyeron las estrofas 6ª y 7ª debido a la fuerte presión de la censura militar y religiosa de los años '60 en Argentina (sí las incluyó el dúo uruguayo "Los Olimareños"). No obstante, el grito de libertad e independencia que emite este poema trasciende cualquier limitación parcial de su contenido. Sea este post, pues, un doble homenaje: a un poeta que supo captar el alma de la gente del campo pampeano-rioplatense con mensajes de pura humanidad y a un cantor que no supo callarse ni someterse a la prepotencia ni a la barbarie cultural y humana.
Alberto Peyrano
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sábado, 28 de agosto de 2010

Pablo Armando Fernández (Cuba)



LA CONSTRUCCIÓN DEL TEMPLO

¿En qué se igualan la acción, la palabra,
o lo que es más oscuro y pavoroso,
el silencio,
ante nuestra mirada
que aún no se hizo oficio y testimonio?
Me contaba mi madre de aquel sabio
sentado ante la puerta
cerrada
del santuario: piedra de inesperada
pero auténtica lumbre
antigua que se alzaba lentamente
al espacio.
Me contaba que nunca abrió los labios
ante la indiferencia o el obsequio;
sólo sus ojos eran dóciles y seguían las huellas
de quienes por temor,
gracia o misterio
otorgaban sus dádivas suntuosas
a impenetrables dioses.
Pero mi madre, que lo vio sentado, mudo,
como príncipe que rechazó de manos ancestrales
fortuna y dones, supo
del andrajoso y magro y penitente
que no se alzó, juntó piedras,
ni a ellas consagró
palabras de blasfemia o alabanza,
pero día tras día, humildemente,
construyó en el silencio, con ardua, tenaz,
inquebrantable audacia,
el templo
y congregó a los fieles.

© Pablo Armando Fernández
.


viernes, 27 de agosto de 2010

Paula Alcocer (México)


ESPERANZA

Aguardo todavía;
aguardo aún, alta de hogueras y de signos,
dócil de llanto y de preguntas ciegas.
Aguardo en esas horas oscuras y secretas
cuando en la carne un ángel negro ofrece
testimonios de heridas infalibles,
y entre emplazada muerte y predicción de auroras
una aciaga vendimia de arenas y ataúdes
las sienes extasía.
Cuando los nombres duelen
como un muro de gritos y fantasmas terribles
y en la tierra vencida de los hombres sin alas
aran lentas, unánimes espinas,
la noche y el silencio.
Aguardo aún, endeble caña en éxtasis,
de pie sobre mis ruinas.

Porque escucho la isla
solitaria y distante del reposo
crecer como remanso de nubes amantísimas
entre el sueño y el alba.
Y la oigo crecer y levantarse,
relámpago de playas,
y diestra en llanto y sales a socorrerme
con la fresca merced y el refrigerio
de un ala sosegada.

© Paula Alcocer
.

Armando Tejada Gómez (Argentina)


HAY UN NIÑO EN LA CALLE

A esta hora, exactamente,
hay un niño en la calle.

Le digo amor, me digo, recuerdo que yo andaba
con las primeras luces de mi sangre, vendiendo
una oscura vergüenza, la historia, el tiempo,
diarios,
porque es cuando recuerdo también las presidencias,
urgentes abogados, conservadores, asco,
cuando subo a la vida juntando la inocencia,
mi niñez triturada por escasos centavos,
por la cantidad mínima de pagar la estadía
como un vagón de carga
y saber que a esta hora mi madre está esperando,
quiero decir, la madre del niño innumerable
que sale y nos pregunta con su rostro de madre:
qué han hecho de la vida,
dónde pondré la sangre,
qué haré con mi semilla si hay un niño en la calle.

Es honra de los hombres proteger lo que crece,
cuidar que no haya infancia dispersa por las calles,
evitar que naufrague su corazón de barco,
su increíble aventura de pan y chocolate,
transitar sus países de bandidos y tesoros
poniéndole una estrella en el sitio del hambre,
de otro modo es inútil ensayar en la tierra
la alegría y el canto,
de otro modo es absurdo
porque de nada vale si hay un niño en la calle.

Dónde andarán los niños que venían conmigo
ganándose la vida por los cuatro costados,
porque en este camino de lo hostíl ferozmente
cayó el Toto de frente con su poquita sangre,
con sus ropas de fe, su dolor a pedazos
y ahora necesito saber cuáles sonríen
mi canción necesita saber si se han salvado,
porque sino es inutil mi juventud de música
y ha de dolerme mucho la primavera este año.

Importan dos maneras de concebir el mundo,
una, salvarse solo,
arrojar ciegamente los demás de la balsa
y la otra,
un destino de salvarse con todos,
comprometer la vida hasta el último náufrago,
no dormir esta noche si hay un niño en la calle.

Exactamente ahora, si llueve en las ciudades,
si desciende la niebla como un sapo del aire
y el viento no es ninguna canción en las ventanas,
no debe andar el mundo con el amor descalzo
enarbolando un diario como un ala en la mano,
trepándose a los trenes, canjeándonos la risa,
golpeándonos el pecho con un ala cansada,
no debe andar la vida, recién nacida, a precio,
la niñez, arriesgada a una estrecha ganancia,
porque entonces las manos son dos fardos inútiles
y el corazón, apenas una mala palabra.

Cuando uno anda en los pueblos del país
o va en trenes por su geografía de silencio,
la patria
sale a mirar al hombre con los niños desnudos
y a preguntar qué fecha corresponde a su hambre
que historia les concierne, qué lugar en el mapa,
porque uno Norte adentro y Sur adentro encuentra
la espalda escandalosa de las grandes ciudades
nutriéndose de trigo, vides, cañaverales
donde el azúcar sube como un junco en el aire,
uno encuentra la gente, los jornales escasos,
una sorda tarea de madres con horarios
y padres silenciosos molidos en la fábricas,
hay días que uno andando de madrugada encuentra
la intemperie dormida con un niño en los brazos.

Y uno recuerda nombres, anécdotas, señores
que en París han bebido
por la antigua belleza de Dios, sobre la balsa
en donde han sorprendido la soledad de frente
y la índole triste del hombre solitario,
en tanto, sus señoras, tienen angustia y cambian
de amantes esta noche, de médico esta tarde,
porque el tedio que llevan ya no cabe en el mundo
y ellos son los accionistas de los niños descalzos.

Ellos han olvidado
que hay un niño en la calle,
que hay millones de niños
que viven en la calle
y multitud de niños
que crecen en la calle.

A esta hora, exactamente,
hay un niño creciendo.

Yo lo veo apretando su corazón pequeño,
mirándonos a todos con sus ojos de fábula,
viene, sube hacia el hombre acumulando cosas,
un relámpago trunco le cruza la mirada,
porque nadie proteje esa vida que crece
y el amor se ha perdido
como un niño en la calle...

Armando Tejada Gómez (1929-1992)
De "Cosas de niños" (1991)
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Evaristo Ribera Chevremont (Puerto Rico)


CREACIÓN

Cuando el Señor, la mano fatigada
de modelar en barro las figuras,
quiso formarle a él, notó que el barro
era muy poco, preparó el que había
para plasmarle, y meditó un momento:

"Con el poco de barro lo haré enjuto,
pero lo apretaré con energía;
lo haré delgado, resistente, como
vara de acero".

Realizó la obra;
y después coronándola de gracia
para suplir la ausencia
de robustez, le transmitió un espíritu
de los mejores, y quedó gozoso:
a falta de la fuerza del atleta,
dotóle del poder maravilloso
de la inmortalidad: ¡Lo hizo poeta!

Evaristo Ribera Chevremont (1896-1976)
.

jueves, 26 de agosto de 2010

Jorge Prieto (Argentina)



LA VIDA ES UN PASAJE DE IDA

El aire agrietado se estancó,
desde entonces
todos los rumbos nos alejan,
se desvanecen las pisadas,
las palabras se hunden;
inalcanzables las puertas
sólo vemos lo oculto.

Ahogados en un silencio irreparable
cada cual con sus cenizas,
perdidos en la inmediatez de tanto beso
y cuando sólo quedaba el olvido

una brisa involuntaria
nos juntó.

© Jorge Prieto
De "Álbum de espera y otros asuntos" (2010)
.

Angie Ayllen Flores (Argentina)


EL RÍO DE LA MUERTE

Nadie detiene el río de la muerte,
el cielo cayó sobre tus alas
con puntual y misteriosa cortesía.
La noche cubrió tu cuerpo
apagando el sueño de tus ojos,
callando el sonido de tu voz.
Ahora caminas por los pasos que olvidó el sol.

Eres una pausa para mirar
hacia donde el reloj ya no vuelve,
eres una coma suspendida
por la eternidad de los momentos en silencio.

Éstos son los momentos
en que se esconden mis versos,
éstos son los momentos
en que las palabras me huyen
y la nada sobre los papeles se acuesta.

Éstos son los instantes de cielo sin ángeles,
de amaneceres sin sol y horizontes perdidos,
éstos son los días de los pinceles callados,
de los lápices agónicos y la guitarra muerta.
Éstos son los momentos
sin ti...

Lágrimas calientes en mis ojos,
acero y fuego en mi pecho,
de negro mi armadura y mi cielo.

El sendero de tus pasos
tan lejos del mar y sus secretos,
tan lejos de los pájaros y sus conciertos,
caminan ahora por los horizontes muertos,
por los caminos de los desiertos,
por entre los jardines yertos.

Quién sabe si donde estás
te hablan los astros en silencio,
porque acá, enmudecieron.

Roncan los gigantes sin sentir la luna,
ella, muda y hermosa, sigue mirando
desde un silencio negro
tus pasos sin mapa,
sin lumbre y sin danza.

© Angie Ayllen Flores
.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Enrique González Arias (Uruguay)


OMEGA

Cuadros negros, cuadros blancos
el ajedrez, allá, aquí, ahí,
un caballo come un peón
un alfil cercó una reina
una torre comió un caballo
un alfil sitió un rey
el rey, cayó en brazos de ella
ella lo subió a la torre
hicieron el amor
jaque mate.

© Enrique González Arias
De "La muchacha viendo pájaros" (2009)
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Freya Hödar Nistal (Chile)


ME SENTIRÉ TU AMOR


Me sentiré tu amor con la razón abierta
de quien me abona brioso la cosecha dorada,
huellas de gran presencia e intrépido convenio
con el censo sonoro del paso día a día.

Vista de mi terreno y verde de mi granja
en esta agitación del círculo cerrado
cuando vuelvo a nacer con mis furias de hembra
quiero que seas tú mi último suspiro.

Me sentiré tu amor de albor y anochecida
de sólida escritura en tu infinita esencia
donde besar tu labios cual rosa en su renuevo
me dará de regalo el azul de tus ojos.

Me sentiré tu amor hasta guindar mi sueño
en la cruzada última de gozarte a mi lado.

© Freya Hödar Nistal
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martes, 24 de agosto de 2010

Lázlo Kálnoky (Hungría)


EL REVERSO DE LA LUZ

Jirones azulosos de viento cansado,
monotonía de ademanes rígidos.
Roído de polillas, un rostro naufraga
en los grises enjuagues del ocaso.

Un ruido casi imperceptible:
la caída de un ramo en la memoria.

Una terraza; hierbas amarillas
Crecen sobre la gran mesa de piedra.
Se cenó aquí una vez, quien lo creyera,
se partieron los panes quejumbrosos.

Sombras enjutas, magras, aquí pasan,
imágenes de muertos ha mucho se deslizan
ignorando las manos que se tienden.

Si al fin llegara una de ellas,
y en sus cabellos, estrellas fugaces
y en su mirada ejércitos murieran,
lo oscuro de su huella
sería el reverso de la luz que escapa.

Lázlo Kálnoky (1912-1985)
De "El Reverso de la Luz - 4 poetas húngaros"
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Constantin Virgil Banescu (Rumania)


EL VIENTRE DEL MUNDO

He visto el vientre del mundo.

El vientre del mundo es muy pequeño.

El vientre del mundo es tan pequeño
que nadie ni nada caben en su interior.

El vientre del mundo no puede contener nada
ni a nadie en su interior.

El vientre del mundo es el cuerpo del mundo.

El vientre del mundo es el cuerpo salado
y el cuerpo dulce del mundo.

El vientre del mundo es el mundo mismo,
El mismísimo mundo inhóspito
y pequeño, tal como lo vemos
mañana y tarde
cuando la sangre de los ojos tiñe de rojo el cielo.

© Constantin Virgil Banescu
De "Flor de un solo pétalo" (Floarea cu o singura petala, 2002)
Versión en castellano: © Joaquín Garrigós
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